En condiciones y momentos de crisis, los niños y niñas, especialmente aquellos en situación de vulnerabilidad y riesgo social, son los más afectados en todo el mundo. Sin embargo, el poder transformador de Jesús, a través del trabajo misionero, ha estado impactando las realidades.

En el PEPE, uno de los países que hemos invertido para ayudar y aliviar el sufrimiento de la niñez es Venezuela. Este país vive una situación caótica. El pueblo está lastimosamente sumido en la pobreza, provocada por la falta de trabajo y la escasez de recursos mínimos para sobrevivir. Para la alimentación de la población, el gobierno suministra harina, un poco de aceite y maíz. No hay verduras, frutas, ni carnes disponibles. El sector de salud está colapsando: faltan medicinas, el servicio de emergencia es deficiente y muchas regiones viven sin saneamiento básico, lo que dificulta aún más la vida de la población necesitada.

Actualmente contamos con 1.811 niños y niñas matriculados en 88 unidades del PEPE que están siendo acompañados por 156 Misioneros Educadores. Cada PEPE es una oportunidad para educar y alimentar a los niños/as y sus familias. En esta época de pandemia, los misioneros educadores fueron una gran bendición. Además de orientar las actividades preescolares, ellos también se unieron a los hermanos de las iglesias, quienes llegan como voluntarios preparando las famosas arepas (pequeños panqueques hechos con harina de maíz o trigo) y un vaso de jugo que se entregan a los niños/as todos los días, que ayudan a calmarles el hambre. Lastimosamente, estas comidas no aportan los nutrientes necesarios para la salud completa de los niños/as, lo que provoca una crisis alimentaria y muchos casos de desnutrición grave en los niños/as.

La Junta de Misiones Mundiales (JMM), consciente de la situación y necesidades identificadas, implemento el programa HAY HAMBRE EN EL MUNDO, con el objetivo de contribuir a la seguridad alimentaria de los niños/as y sus familias. Una de las formas de intervención utilizadas es la producción y distribución de la Harina Enriquecida, cuya abreviatura es ¡”FE”! (Portugués: Farinha Enriquecida).

Dios ha bendecido grandemente la implementación de este programa en los PEPEs de Venezuela, con nuestros hermanos venezolanos sirviendo de manera voluntaria y comprometida. Fue realizada la evaluación nutricional de los 495 niños/as de las 23 unidades del PEPE en las ciudades de Acarigua y Araure. Fueron también enviadas ofertas para la compra de insumos, semillas de maíz, ajonjolí y espinaca, para la producción de la harina enriquecida.

Josefa Orozco, misionera-educadora del PEPE “Semillitas de Acción 2”, ubicada al norte de Acarigua, se quedó tan feliz y conmovida que lloró al darse cuenta que la donación de “FE” podía ayudar a los niños/as de su comunidad, en situación de extrema vulnerabilidad, a tener salud y una mejor calidad de vida, “Estamos muy contentos por la obra del Señor”, dijo la misionera.

¡Contamos con las oraciones y cooperación de los adoptantes de este proyecto para seguir llevando el amor, la esperanza y la vida al corazón de los niños/as, sus familias y las comunidades de Venezuela!

¡Vivamos el poder de transformar!

Missionera Terezinha Candieiro
Coordinadora General del PEPE Internacional