El PEPE llegó a la hermosa isla caribeña llamada República Dominicana en 2005. Desde un principio, la querida hermana Juana de Mora estuvo en la coordinación nacional. Su amor y dedicación a los niños/as y al personal del Programa es un claro ejemplo del amor de Dios que reina en su vida. Esta semana experimentó algo que llenó de alegría nuestros corazones.

Al llegar al supermercado, se le acercó un joven que, como parte del sistema de seguridad implementado en la pandemia, estaba tomando la temperatura y entregando un poco de alcohol en gel a todos los que ingresaban al establecimiento. Pero, ¿cuál fue la sorpresa que recibió? ¡El joven que se le acercó era Juan!

Juan fue uno de los primeros niños en participar en el PEPE de República Dominicana. Ambos quedaron tan conmovidos por el reencuentro que terminaron olvidándose del coronavirus y se abrazaron. Juan luego le dijo a la Hermana Juana de Mora que él sigue firme en el camino del Señor, siendo hoy un líder en una iglesia pentecostal.

El PEPE fue un gran apoyo para Juan, porque cuando era pequeño su padre lo maltrataba mucho. Durante los dos años que estuvo en el programa, recibió atención tanto de la iglesia como de los misioneros educadores. Además, a través de las visitas de PEPE-VAI, toda su familia pudo ser ayudada.

PEPE es un programa que vale la pena, porque nos permite llevar esperanza al corazón de los niños y niñas. Plantamos la semilla del evangelio en sus corazones y, en el momento adecuado, Dios da el crecimiento. Poder cosechar frutos como Juan es una gran alegría para nosotros.

Gladys de Ortiz
Coordinadora Regional PEPE América Central, Norte y Caribe